sábado, 5 de enero de 2008

Entre la vida y la muerte

Me han traido los Reyes magos un escrito que redacté a petición de unos amigos con motivo de la muerte de una compañera de trabajo.
Tras su muerte encontraron, entre sus pertenencias, "un amplio legajo de 58 páginas" que ella había escrito y dejado inconcluso. Así ha quedado.
Mi respeto a ella y los suyos me impide hacer público lo que ellos mantienen en el silencio de su amistoso y entrañable recuerdo, pero
no me resisto a "compartir" mi interpretación de sus sentimientos sobre Lorea después de escuchar a quienes recuerdan su peregrinar.
Este escrito mío, hoy recuperado, hasta yo lo leo con emoción como si otro hubiera sido su autor...
Hoy, este mi escrito, obra como "presentación" del legajo guardado con verdadero mimo hasta que alguien encienda la luz para que otros puedan ver...

LOREA ES TU EPITÁFIO
Lorea, traducido al castellano, significa "la flor" pero además, en euskera, es un vocablo cargado de un sentido más profundo: "entre todas las plantas Lorea es la más selecta"; Lore se aplica a todo aquello que es "suave, dulce, relajante, sencillo, calmoso ... etc., como tú.
No sabemos si te pusieron el nombre como premonición de tu futuro carácter y personalidad, o si fuiste tú quien te amoldaste al simbolismo de "La Flor más selecta". Por eso, quiero decir que tu mejor epitafio es tu nombre, Lorea; él resume tu vida. Fuiste la Flor cortada con solo cincuenta lozanos pétalos.
Tus compañeros de trabajo, y sin embargo amigos y admiradores, te hemos descubierto en otra faceta de tu policroma y frondosa vida a través de tus ideas y sentimientos espontáneamente plasmados en este tu escrito oculto; por él te conocemos y queremos aún más.
Estas líneas no pretenden ser ni presentación ni introducción a tu escrito inédito e inconcluso; así nos l0 dejaste y así quedará; como tu vida que iniciaste pero que la Parca nos llevó antes de tiempo ... ; tus seres queridos lo saben ... , y nosotros también.
Ahora hará un año desde que trasladaste tu residencia a "no sabemos dónde", pero allí donde estés deberás concluir tu escrito ... ; nos lo debes.
Hasta que nos encontremos donde estés, tus compañeros y amigos hemos decidido vestir tu escrito aún desnudo con un ropaje sencillo para que esta criatura no se enfríe ni se pierda; así lo entregaremos a tu esposo e hijos que podrán leerte también en otros de tus recónditos pensamientos y sentimientos profundos sobre la amistad, sobre el amor, sobre las relaciones humanas y sobre la familia, y también sobre la vida y sobre la muerte.
En fin, Lorea, mucho podríamos contar muchos de tus compañeros y amigos, y también otros muchos que te rozaron en vida, que te entregaron sus cuitas y que de ti recogieron comprensión, afecto e incluso ocultas monedas.
Lorea, ya no es necesario escribir lo que te decimos en el silencio del corazón; solo nos queda decirte "agur eta bihar arte".

Tus compañeros y, sin embargo, amigos.
Septiembre de 2004

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